
Las fotos de hoy también subrayan la falta de peso del presidente del Gobierno español en la política internacional pese a su consigna de hace cuatro años de "volver al corazón de la vieja Europa". Ayer, la vieja Europa, encarnada por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, expresó a Mariano Rajoy su deseo "de todo corazón" de que alcance la victoria en las próximas elecciones.
Mientras, en la otra foto, Zapatero palmea la espalda de un simpatizante punkie en Valdemoro. Estas cosas pasan porque Pepe Blanco ha descuidado la polémica en corto para meterse en honduras teóricas. Mientras escribe artículos sesudos no puede practicar el regate corto que tanta y tan justa fama le ha dado. A la foto de ayer, verbigracia, podía haber replicado que era una cuestión de principios. José Luis no podía posar para una foto en compañía de alguien que había salido en la foto de las Azores. Respecto a la de hoy, que el punkie vota, mientras Sarkozy y Merkel, no.
Tarea para mañana: Incluir en las portadas de Pravda e Izvestia la foto del encuentro entre Zapatero y Merkel. Tantear la posibilidad de que la canciller le diga algo "de todo corazón".
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No era la primera vez. El pasado mes de diciembre los estudiantes de Ikasle Abertzaleak, la Universidad borroka, obligaron a suspender el Claustro y varias juntas de facultad. Pérez, que confesó "candor e ingenuidad", pareció descubrir entonces que los estudiantes batasunos trataban de "impedir que se tomaran decisiones en los órganos colegiados" y anunció que en el futuro recurriría a la Ertzaintza para garantizar la vida académica.
El rector Pérez cumplió y el Claustro de ayer se pudo celebrar. Según el comunicado de la UPV:
"Se ha garantizado el normal desarrollo del acto universitario frente a conductas claramente coercitivas".Es una novedad y como tal hay que celebrarla. Ahora sólo falta saber si la autoridad académica va a impulsar la depuración de responsabilidades. Si los actos de salvajismo que tienen su testimonio en la puerta de la foto van a determinar la apertura de expedientes a sus responsables. Si la autoridad académica considera que la Universidad no es es lugar donde caben los autores de los hechos señalados. Mientras tanto, tampoco estaría de más que supiéramos de qué se ríe el rector de la UPV.
(Pinchar la foto para verla en mayor tamaño).
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En un momento dado de la entrevista, la periodista Mónica Terribas, directora del programa preguntó a la ministra qué llevaba escrito en la mano y Chacón explicó que una chuleta: "Yo es que soy muy chuletera".
Nadie hubiera tenida nada que objetar si la ministra Chacón hubiese acudido a la entrevista con un par de folios llenos de datos, siempre que los hubiera manejado con soltura. El asunto es la moral judeocristiana, la chuleta. Aspira a que no se vea y, en realidad, canta sus insuficiencias. ¿Qué cantidad de texto puede caber en la palma de una mano que no se pueda memorizar?
El concepto no tiene nada que ver, vaya por delante, pero la expresión de Carme Chacón al ser pillada copiando, tiene la misma estructura sintáctica que la declaración del duque de Feria ante el juez: "Yo es que soy muy putero, señoría".
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Bacalao
Un barco pesquero atracó ayer por la mañana en el muelle del museo marítimo de Bilbao para hacer la descarga simbólica de tres cajas de bacalao. El acto era una representación del acuerdo entre Eroski y el Consejo de Productos del Mar de Noruega para que la cadena comercial distribuya en todos sus centros de España el exquisito bacalao noruego que recibe el nombre de ‘skrei’ y que en años anteriores comercializaba sólo en Vizcaya.
El acto simbólico recuerda una historia bilbaína del primer tercio del siglo XIX que nos contó el inolvidable Manolo Llano Gorostiza en su libro ‘Empresarios al magnesio’. Bilbao y bacalao comparten, no sólo una fonética que sugiere engañosamente la caída populista de la ‘d’ en posición intervocálica. También comparten una historia que explica la raigambre del bacalao en la cocina vizcaína. Un modesto comerciante llamado Juan Gurtubay Meana ordenó a un dependiente que enviara un telegrama a su proveedor noruego con el siguiente texto: “Envíenme primer barco que toque el puerto de Bilbao 100 ó 120 bacaladas primera superior”. El mandado escribió tal cual el telegrama, con la cantidad en números, pero sin cuidarse de separar convenientemente ambas cantidades ni de acentuar la disyuntiva.
Un tiempo después recibió 1.000.200 fardos de bacalao. Tras superar la tentación de suicidarse, se conformó con afear al contable su conducta y comenzó a hacer gestiones para ver si podía vender parte de aquello en otras provincias del litoral cantábrico. Era 1836 y, mientras se afanaba en estas cuestiones estalló la primera guerra carlista. Los insurrectos pusieron sitio a Bilbao y el error de aquel muchacho permitió al mismo tiempo alimentar a los bilbaínos durante el sitio y, además, convirtió a Juan Gurtubay en un hombre inmensamente rico. Tanto, que se convirtió en uno de los más importantes empresarios bilbaínos del siglo XIX. Estuvo en la constitución del Banco de Bilbao, en la puesta en marcha de la Cámara de Comercio y fue uno de los principales impulsores del Ensanche bilbaíno y del ferrocarril Bilbao-Tudela.
La ascensión social de los Gurtubay fue también muy notable. Su hija, Mª del Rosario Gurtubay y González de Castejón, emparentó con la aristocracia al casarse con el duque de Hijar y Aliaga y la nieta que le dio este matrimonio, Mª del Rosario de Silva y Gurtubay, mejoró aún más la posición de la familia por su matrimonio con Jacobo Fitz James Stuart. Ambos fueron los padres de la actual duquesa de Alba y la anécdota que se cuenta en estas líneas explica uno de los orígenes de su fortuna.